La hora de romper el silencio

Llevo más de setenta años callado, mudo, con la boca llena de tierra, con el silencio abrazado a los huesos, igual que mi familia.  Los días son iguales, los años han sido iguales, porque la justicia no ha venido a buscarnos, porque la política no ha venido a buscarnos, porque la democracia no ha contado con nosotros.

Pero ayer ocurrió algo, algo que convulsionó este lugar, como si se hubiera descargado sobre nosotros un camión de tierra. Una sacudida me despertó y entonces, después de tanto tiempo, me di cuenta de que tenía voz.

Después escuché gritos que clamaban contra la vergüenza, a favor de la justicia, protestando porque hay un alto tribunal  que considera que habernos asesinado y abandonado en esta fosa no es un delito. Y de pronto he sentido que quiero hablar, contar, dar a conocer, denunciar, romper esta mordaza con la que el dolor y el miedo ha anudado mis palabras durante tantos años. Es hora de que hable mi memoria.

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